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miércoles, 27 de febrero de 2013

El mendigo que devolvió un anillo de diamantes

En un mundo dónde la ética suele brillar por su ausencia, sorprenden actos de honradez que deberían ser moneda de cambio, y nunca mejor dicho, en nuestra vida cotidiana. Pero son tan raros y excepcionales que incluso llegan a convertirse en noticia, como la protagonizada por Billy Ray. Este mendigo de Misuri se ha convertido en un héroe local tras devolver a su dueña un anillo de diamantes que cayó en su lata de limosnas por error. Una decisión que muchos otros, en mejor situación económica, no hubieran tomado dirigiéndose de inmediato a una casa de empeño para no renunciar a un puñado de dólares. 
 La historia, que parece salida de una película de Frank Capra, comienza cuando una mujer, llamada Sarah, se compadece de la situación de Billy Ray y, en un acto de generosidad, le echa unas monedas. Es entonces cuando, como si se tratara de una escena de 'El Señor de los Anillos, la sortija se escurre de su dedo y va a parar al fondo de la lata de limosnas. Ahí fue cuando al indigente se tuvo que enfrentar a todo un dilema shakespiriano: "Quedarme el anillo o no quedármelo. Esa es la cuestión". Hay que suponer que al mendigo debió de tentarle la idea de obtener el dinero suficiente para dejar de dormir en la calle durante una buena temporada. Al final, se impuso su buen corazón y decidió devolver la joya a su dueña. Aquí la conocida frase de pobre pero honrado alcanza su máxima expresión. 
 Como no podía ser de otra forma, la historia ha catapultado a la fama a Billy Ray y su acto de honradez fue difundido masivamente por los medios de comunicación estadounidenses. Gracias a ello, su hermana, que le había perdido la vista desde hacía 17 años, reconoció su rostro y corrió a reunirse con él. Mientras tanto, el novio de Sarah, conmovido, organizaba una campaña solidaria para recaudar fondos y así compensar al mendigo por su buena acción. De momento, ya van por 150.000 dólares, suficientes para que Billy Ray pueda comenzar una nueva vida junto a hermana a la que ha vuelto a recuperar por seguir los dictados de su corazón. Algo que no hubiera obtenido en una casa de empeño.


martes, 5 de febrero de 2013

Dios y el mal


Ni lo quiere ni lo permite ni lo tolera
Dios no es causa del mal. Ni lo quiere, ni lo permite, ni lo tolera. Lo aborrece con la seriedad que refleja el rostro del Crucificado. Jesucristo murió en su empeño por destruir el pecado. Y lo logró.
Dios no quiere el mal. Decide crear al HOMBRE en Amor y Libertad. El riesgo de desviaciones y pecados es inherente a la libertad limitada. Ese riesgo, aún haciéndose realidad, no llega a corromper la creación. Mejor un mundo con “pecadores”, que un mundo sin el HOMBRE, sin la humanidad. Dios crea libre al hombre y lo sostiene libre y nunca anula la libertad de nadie. Deja en las manos del hombre, en manos de su propia libertad, la orientación de su vida. Dios es “responsable” de que exista el hombre libre. De lo que haga ese hombre libre, será responsable el mismísimo hombre, no Dios. 


Is God Good? from Prayson Daniel on Vimeo.
Los males del mundo-sociedad son fruto y consecuencia de nuestra libertad que se desvia y de nuestro mal. No son castigo de un Dios irritado. Pecado no es “ilegalidad”, simple infracción o trasgresión de normas impuestas por Dios. Si así fuera, dejarían de existir haciéndose Dios “menos exigente”, o si dejara de sentirse ofendido y diera normas más suaves. El mal rompe la armonía del hombre con Dios, con la naturaleza y con sí mismo. Pecado (del latín pecus pecudis=animal que pace) puede significar vivir rastreramente, vivir frustrado en un nivel de existencia inferior al que le corresponde. Somos seres limitados que podemos avanzar hacia la plenitud.