sábado, 29 de abril de 2017

"Ninguna violencia en nombre de Dios" El Papa en la Universidad de Al-Azhar




El Papa a los católicos de Egipto: «En medio de tantos profetas de destrucción, sed una fuerza positiva» 

El Papa es consciente de las dificultades reales y también de las psicológicas, por eso mencionaba ambas en el pasaje central de su discurso a los católicos egipcios, una pequeña comunidad de 270.000 personas, prácticamente invisible al lado de los diez millones de coptos, a su vez minoría junto a 90 millones de musulmanes. En tono realista pero a la vez vigoroso, 

Francisco les ha dicho que «en medio de tantos motivos para desanimarse, de tantos profetas de destrucción y de condena, de tantas voces negativas y desesperadas, sed una fuerza positiva; sed la luz y la sal de esta sociedad». Es una tarea difícil, pero es la vocación marcada por Jesús en el Evangelio, que el propio san Marcos trajo a las tierras de Alejandría, la gran capital cultural del mundo en aquellos momentos. 



Animándoles a no dejarse oprimir bajo el peso de una grandeza pasada que testimonian las pirámides, el Papa les ha insistido en que los católicos deben ser en este país «la locomotora que empuja el tren hacia adelante, llevándolo hacia la meta. Sed sembradores de esperanza, constructores de puentes y artífices de diálogo y de concordia».


El Papa Francisco ofreció, en el marco de su viaje a Egipto, un discurso en la Universidad de Al-Azhar dirigido a los participantes en la Conferencia Internacional para la Paz. En su discurso, el Santo Padre destacó la importancia de la educación para desarrollar una verdadera cultura del encuentro y del diálogo que promueva la paz y el entendimiento. Francisco destacó que, ante la barbarie y la incomprensión, la religión no es un problema, * parte de la solución.
Frases del Papa en la Universidad egipcia de Al-Azhar
* "Estamos llamados a caminar juntos con la convicción de que el futuro de todos depende también del encuentro entre religiones y culturas".
* "El diálogo puede ser favorecido si se conjugan bien tres indicaciones fundamentales: el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones"
* "La única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro. Es necesario acompañar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la lógica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien".
* "Como líderes religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad"
* "Solo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios porque profanaría su nombre"
* "Hoy se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción"

domingo, 16 de abril de 2017

El Señor ha resucitado. ¡Christos anesti!. Coincidencia de calendarios

El Señor ha resucitado. ¡Christos anesti! Claman en griego los cristianos esta noche. Quien oye este grito de alegría, responde lleno de esperanza: ¡Alithos anesti! Verdaderamente ha resucitado.



A los cristianos del siglo XXI nos cuesta entender esa alegría y gozo. Tenemos tan asumida la resurrección de Cristo nada cambia en nuestra vida. Cristo nos salva, pero ¿de qué nos salva? Ya nos sentimos salvados por la modernidad y la misma sociedad ¿Qué aporta la resurrección de Cristo a nuestra vida?

Con su resurrección, nuestro Señor Jesucristo convirtió en glorioso el día que su muerte había hecho luctuoso. Por eso, trayendo solemnemente a la memoria ambos momentos, permanezcamos en vela recordando su muerte y alegrémonos acogiendo su resurrección. Ésta es nuestra fiesta anual y nuestra Pascua; no ya en figura, como lo fue para el pueblo antiguo, mediante el degüello de un cordero, sino realizada, como para el pueblo nuevo, mediante el sacrificio del Salvador, pues Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado, y lo antiguo ha pasado, y he aquí que todo ha sido hecho nuevo. Si lloramos es sólo porque nos oprime el peso de nuestros pecados y si nos alegramos es porque nos ha justificado su gracia, pues fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Llorando lo primero y gozándonos de lo segundo, estamos llenos de alegría. No dejamos que pase inadvertido con olvido ingrato, sino que celebramos con agradecido recuerdo lo que por nuestra causa y en beneficio nuestro tuvo lugar: tanto el acontecimiento triste como el anticipo gozoso…

Se entiende, en efecto, que esta noche pertenece al día siguiente que consideramos como día del Señor. Ciertamente debía resucitar en las horas de la noche, porque con su resurrección ha iluminado también nuestras tinieblas y no en vano se le había cantado con tanta anticipación: Tú iluminarás mi lámpara, Señor; Dios mío, tú iluminarás mis tinieblas. (San Agustin, Sermón 221, 1)

La Pascua de los cristianos en Jerusalén


Del Mensaje Urbi et Orbi de Pascua del Papa Francisco


Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado — Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).

La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.
Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: «Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya» (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).

En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión —las heridas de su amor misericordioso— nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.

El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.

Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.

El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.


Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.

Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.

Papa Francisco

COINCIDENCIA DE CALENDARIOS


Los cálculos astronómicos y calendarios utilizados por las diferentes confesiones religiosas cristianas hacen que, normalmente, la Pascua del rito ortodoxo sea posterior a la Pascua del rito latino. Los primeros, también llamados iglesias de Oriente, a la hora de fijar las fechas de las fiestas religiosas siguen guiándose por el calendario juliano y determinadas observaciones astronómicas a partir de los ciclos lunares. Los fieles de las iglesias occidentales, entre ellos los de rito latino, también tienen en cuenta las fases lunares pero se guían por el calendario gregoriano, llamado así porque fue el Papa Gregorio en el siglo XVI quien ajustó el calendario al darse cuenta de que la duración real del año no era exactamente de 365 días, con lo que adelantó 10 días la fecha del almanaque para ajustarla al calendario solar.
Desde entonces, sólo cuando se producen a la vez la “luna llena ortodoxa” y la “luna llena católica” después del equinoccio de primavera, coinciden las celebraciones de Pascua de las dos grandes confesiones cristianas.
Eso es precisamente lo que sucede este año, en el que se da además la circunstancia de que los judíos —que se guían por su propio calendario y la Pascua siempre es en el mes de Nisan— también celebran esta semana Pesaj. La Pascua judía, que es el 15 de Nisan, suele caer entre la segunda quincena de marzo y la primera de abril. De acuerdo con los Evangelios, Jesús murió el 14 de Nisan del año 33. Por eso, a pesar de las diferentes reformas y ajustes realizados a lo largo de la historia, hay años, como este 2017, en las que todas las festividades coinciden en el calendario.
Fuente: El País

viernes, 7 de abril de 2017

Pasión, muerte y resurrección de Jesús. "Resucítame" y "Para salvarme"

La resurrección de Jesús es el anticipo de la nuestra, la resurrección de Lázaro es anticipo de tantas "resurrecciones" en nuestra vida. Nos habla de ello el grupo Kairós de Santa Fe (Argentina), en la canción "Resucitame" 



Y en la cancion "Para Salvarme" con una letra muy particular y profunda en la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús en la semana mas 
importante para todos los cristianos. 

lunes, 27 de marzo de 2017

Encuentro del Papa con los jóvenes en el Estado de San Siro (Milan)



La visita este sábado del Papa Francisco a la ciudad de Milán ha estado marcada por una agenda apretada, que ha incluido una misa multitudinaria -una nueva prueba de su popularidad-, una visita a las zonas periféricas y más desfavorecidas de la ciudad y un almuerzo con presos en la cárcel de San Vittore. Francisco ha aprovechado la visita para lanzar nuevos mensajes: ha hablado de la necesidad de “restaurar” la Iglesia y pidió mayor atención para los jóvenes, de lo que alertó del peligro de estar expuestos al “zapping continuo”. El Papa Francisco llegó a primer hora de la mañana a Milán y su primer punto de la agenda fue dirigirse a las llamadas Casas Blancas, un barrio popular de la ciudad del norte de Italia con problemas de marginación.
Un baño de multitudes ha recibido al Santo Padre en Monza, cerca de Milán. La misa multitudinaria, con más de 700.000 fieles, según los datos de la organización, demuestra una vez el potente tirón popular de Bergoglio. En su homilía, el papa Francisco ha denunciado un mundo en el que “se especula sobre los pobres y los inmigrantes”, “sobre los jóvenes y su futuro”.

El Papa concluyó la jornada en la capital de Lombardía con un encuentro con jóvenes en el estadio de fútbol de San Siro.
Fuente: La Vanguardia

domingo, 26 de marzo de 2017

El ciego de nacimiento: IV Domingo de Cuaresma

En estos domingos de Cuaresma, la liturgia nos ofrece a través del evangelio de san Juan un verdadero itinerario bautismal: el domingo pasado, Jesús prometió a la Samaritana el don del «agua viva»; hoy, curando al ciego de nacimiento, se revela como «la luz del mundo»; dentro de una semana, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como «la resurrección y la vida».


¡Agua, luz, vida! Tres símbolos del bautismo, sacramento que «sumerge» a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna. Detengámonos brevemente en el ciego (cf. Jn 9, 1-41). Los discípulos, según la mentalidad del tiempo, dan por descontado que su ceguera es consecuencia de un pecado suyo o de sus padres. Jesús, por el contrario, rechaza este prejuicio y afirma: «Ni este pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios» (Jn 9, 3). Ante el hombre marcado por su limitación y por el sufrimiento, Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida, para ser feliz y para alabanza de su gloria. Así que pasa inmediatamente a la acción: con un poco de tierra y de saliva hace barro y lo unta en los ojos del ciego. Este gesto alude a la creación del hombre, que la Biblia narra con el símbolo de la tierra modelada y animada por el soplo de Dios (cf. Gn 2, 7). De hecho, «Adán» significa «suelo», y el cuerpo humano está efectivamente compuesto por elementos de la tierra. El problema surge acto seguido: Esa curación suscita un encendido debate, porque Jesús la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. Buena la armó el recién curado cuando, ante tanta insistencia farisaica, les preguntó si no pretendían también ellos hacerse sus discípulos. No acabaron con él a bastonazos de milagro.

Así que, al final del relato, Jesús y el ciego son «expulsados» por los fariseos: el uno, por haber violado la ley; el otro, porque, a pesar de la curación, sigue siendo considerado pecador desde su nacimiento. La pregunta que el Señor Jesús dirige al que había sido ciego constituye el culmen narrativo de tan divertida historia: « ¿Crees tú en el Hijo del hombre?» (Jn 9, 35). Aquel hombre reconoce el signo realizado por Jesús y pasa de la luz de los ojos a la luz de la fe: «Creo, Señor» (Jn 9, 38). Conviene destacar cómo una persona sencilla y sincera, recorre de modo gradual un camino de fe: en un primer momento encuentra a Jesús como un «hombre» entre los demás; luego lo considera un «profeta»; y, al final, sus ojos se abren y lo proclama «Señor». En contraposición a la fe del ciego curado se encuentra el endurecimiento del corazón de los fariseos que no quieren aceptar el milagro, porque se niegan a aceptar a Jesús como el Mesías.


La multitud en cambio, se detiene a discutir sobre lo acontecido y permanece, no sé si distinta y distante, pero sí distante e indiferente, sin duda Dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el «gran pecado» (cf. Sal 19, 14): el orgullo. ¡Ninguna definición mejor de los fariseos que la ceguera del corazón! . A la postre, no hay peor ciego que el que no quiere ver. El domingo del ciego de nacimiento, pues, presenta a Cristo como luz del mundo y luz del Día. El suyo es un Evangelio que nos interpela a cada uno de nosotros: « ¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma gozoso el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente presto a subir por su escondida y empinada senda. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él al único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz». San Agustín llegó a decir que en ese ciego está representado el género humano (Sermón 136 A 4).
Comentario de Pedro Langa
Blogsperiodistadigital


martes, 21 de marzo de 2017

Conversación con el filósofo Gianni Vattimo en La Stampa

"Gracias al Papa estoy orgulloso de ser católico". "Critican al Papa porque está en lo correcto". 

Conversación con Gianni Vattimo, filósofo italiano de la posmodernidad y emblema del partido radical, que analiza la irrupción del Papa Francisco en una sociedad mundial fragmentada y en busca de sentido



Se confiesa cristiano. Un católico “bastante activo”. ¿Sus rezos? El breviario, sobre todo por las noches. Y las oraciones tradicionales, repetidas casi con nostalgia cada día. Con una religiosidad “de viejita”. Conceptos que podrían ser la normalidad, en cualquier fiel de a pie. Pero sorprenden por quién los pronunció: Gianni Vattimo. El conocido filósofo italiano, ícono del partido radical, padre del “pensamiento débil” y estudioso del existencialista alemán Nietzsche. En una entrevista, aseguró que Francisco “es una oportunidad” para que la Iglesia se deshaga de estructuras superficiales. Y advirtió que “si hablan mal del Papa”, es porque está en lo correcto. 

Nacido en 1936, igual que Jorge Mario Bergoglio, Vattimo acusa el peso de los años. De pelo cano, camina lentamente y con bastón. Pero el paso de los años no ha afectado su lucidez, ni la vena polémica de sus declaraciones. Casi irreverente. Siempre filoso, bromea con el final de sus días. Asegura estar escribiendo un nuevo libro, e imagina la posibilidad de dejarlo inconcluso. Porque “todo buen filósofo debe dejar algún texto inédito”. 

“Francisco es una gran ocasión para la Iglesia. Existen Papas que representan una oportunidad para la renovación y la transformación. Por ahí exagero, comprendo que el Papa es siempre el Papa, debo recordarme muy a menudo que un Papa no puede hacer todo, sólo algunas cosas. Pero estoy convencido que él tiene una buena intención y paradójicamente tienen razón aquellos que lo ven como una amenaza para la Iglesia porque es una amenaza para la Iglesia tradicionalista, es uno que –en el fondo- afronta los problemas”, dijo.  

Quien fuese parlamentario europeo, ganador de premios y doctorados “honoris causa” por universidades de varios países, dijo estar convencido que si desde diversos sectores “hablan mal del Papa” es porque él “es uno que recorta, que purifica un poco, que hace cosas no necesariamente placenteras”. 

Al mismo tiempo, como “un fiel periférico”, se mostró preocupado. Espera que el pontífice pueda ser tan equilibrado como para deshacerse de muchas cosas obsoletas de la Iglesia sin “arruinar” la experiencia de fe de los creyentes.  

“El Papa, en su esfuerzo de renovación y actualización, de poner la Iglesia al nivel de los pobres, afronta un problema de equilibrio, él debe actuar correctamente y lo que hace no debería escandalizar. Es un delicadísimo momento de transformación en la Iglesia”, señaló. 

En otros tiempos había dicho que era “ateo gracias a Dios”, pero ahora parece haber cambiado de opinión. Aunque no lo acepta, abiertamente. Quizás porque nunca dejó de considerarse católico, a su manera, pese a ser un férreo crítico de la Iglesia misma. O, quizás, porque está volviendo sobre sus pasos.  

“Yo mismo vivo un cristianismo muy de ‘viejita’, digo las oraciones tradicionales y a veces me pregunto si esto deriva de una cierta nostalgia por la Iglesia tradicional”, reconoció en la conversación. Y su entusiasmo por Francisco es ya una contradicción con su pasado de opositor a la autoridad del Papa como representante de Dios.  

Más adelante, explicó que ese ateísmo se deriva de su negación a creer en el “Dios de los filósofos”, el “Dios moral”, supremo garante del orden en el mundo capitalista. “¿A nosotros qué nos interesa de ese Dios capitalista?”, cuestionó. 

Abundó: “La Iglesia durante muchos siglos, especialmente en Europa, ha sido una especie de instrumento de conservación, pero actuando así terminó por conservar sus propios privilegios. Esto es algo que el Papa está dejando atrás. En este momento la tarea de los cristianos debería ser la de dejar ‘las cantidades’ de la Iglesia, por ejemplo su excesivo patrimonio. Ojo, no quiero decir que se deben vender los Museos Vaticanos, no exageremos. Pero quizás tener alguna cosa menos no hará ningún daño”. 

Así, Vattimo se mostró abierto a los matices. Para nada radical. Si bien insistió en su convencimiento de que la Iglesia se reduzca, en algunas de sus partes, jamás postuló su desaparición, ni mucho menos. Reconoció que sin el catolicismo, él jamás habría tomado contacto con el evangelio. Hasta se puso como ejemplo. 

“No puedo pensar que la Iglesia se reduzca más allá de cierto límite de presencia porque, de otra manera, ¿quién predicará el evangelio? ¿Quién hará conocer a Cristo? Pero las dos cosas se pueden conciliar. Además, y sobre todo, se puede proyectar un Jesús más conforme a la imagen que él quería dar de sí”, precisó. 

No sólo, además ofreció una interpretación teológica a esa reducción. Porque, afirmó, en la historia del cristianismo “el debilitamiento religioso tiene un carácter providencial”. Y se explicó: “Una religión fuerte a menudo ha acompañado el colonialismo, las potencias, la disciplina pública, las dictaduras. Que ahora exista un movimiento de reducción lo encuentro muy acertado y creo que entra en el plan de salvación divina”.  

Al mismo tiempo destacó la importancia del papado, como “potencia histórica” que representa a más de mil millones de fieles. Pero aclaró que, quien ocupa ese espacio, puede actuar como poderoso o como pobre y Francisco optó por actuar como pobre. Por eso lo consideró como el “primer debilista” del mundo. Exponente del pensamiento débil, como él lo concibe. 

“Los poderes fuertes están muy atentos, porque se han dado cuenta que (el Papa) tiene una cierta ‘vena comunista’. Eso lo salva (ríe). Prefieren adoptar la actitud de siempre cuando los Papas predican la pobreza: lo dejan decir mientras no les molesten demasiado. Pero el Papa Francisco está tirando la cuerda lo más posible, para actuar de una manera distinta. Estoy contento porque gracias a él me siento orgulloso de ser católico, cuando en otros momentos llegué incluso a avergonzarme de serlo”, afirmó. 

¿El proceso de renovación iniciado por Francisco durará en el tiempo? Al respecto contestó con realismo: “Sinceramente no lo sé. Desearía que no, pero me parecería bastante comprensible que en la Iglesia estén preparándose movimientos en sentido contrario. Aun así, ciertos pasos que él ha dado no se podrán echar para atrás. Consideramos siempre que el Papa no puede transformar la Iglesia al 100 por ciento, pero la puede transformar al 50 y sobre el resto podría verificarse un reflujo. Pero, en resumen, muchas cosas permanecerán”. 

Fuente: La Stampa

viernes, 17 de marzo de 2017

La samaritana: una mujer buscadora, como tú, como yo




En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.» La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.» 



La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.» Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.» La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.» Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.» En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»
Juan 4,5-42
Comentario 
La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. “Mujer, dame de beber”.
La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida?. Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría del agua de la vida”.
Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios, sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un “ser extraño”. Todo lo que está relacionado con él, les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil, cada vez más lejano.


La Samaritana de Marko Rupnik

Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel “Dios de mi infancia” que despertaba dentro de mí tantos miedos desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre.
Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años.

Dialogo con la Samaritana, Abadía de Sant’Angelo in Formis, s. VI

No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta.
Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una “presencia salvadora”. Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían.
José Antonio Pagola