Hallan un fresco de la resurrección de Lázaro en las Catacumbas de Priscila en Roma.
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La Resurrección de Lázaro, hallado en las Catacumbas de Pricila |
El cubículo que alberga los frescos que representan la resurrección de Lázaro es uno de los últimos descubrimientos más preciados que se han hallado en las Catacumbas romanas de Priscila, tras cinco años de trabajos arqueológicos. El láser ha sido la técnica utilizada para redescubrir estos antiguos frescos que ahora vuelven a ver la luz y aumentan más si cabe el valor de las Catacumbas de Priscila. En los frescos que evocan el milagro de la resurrecció de Lázaro y que datan del siglo IV d.C, se puede observar cómo un Jesús muy joven, ataviado al estilo imperial, toca con una varita la momia de Lázaro, todavía en la tumba.
Durante el siglo primero, los cristianos de Roma no tuvieron cementerios propios. Por este motivo, San Pedro fue enterrado en la "necrópolis" de la Colina Vaticana, abierta a todos (y sobre la que se construye la Basílica de San Pedro). Del mismo modo, San Pablo fue sepultado en una necrópolis de la Vía Ostiense (sobre la que se construye la Basílica de San Pablo Extramuros).
En la primera mitad del siglo II, los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra, en terrenos donados por algunas familias. Y así comenzaron las Catacumbas como primeros cementerios cristianos fuera de las murallas de la ciudad de Roma. Los cristianos rechazaban la costumbre romana de la incineración y utilizaron las Catacumbas hasta principios del siglo V cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la superficey en las basílicas dedicadas a mártires importantes.
Con las invasiones de los Bárbaros se destruyeron sistemáticamente muchos de los monumentos y saquearon muchos lugares, incluidas las catacumbas. Hacia la mitad del siglo VIII y el comienzo del IX los papas hicieron trasladar las reliquias de los mártires y de los santos a las iglesias de la ciudad, por razones de seguridad. Una vez realizado el traslado a las iglesias y basílicas de Roma, se fueron abandonando hasta tal punto que, durante la Edad Media no se sabía donde se encontraban. En el siglo XIX, Juan Bautista de Rossi, considerado el padre de la Arqueología Cristiana, realizó la exploración sistemática de las Catacumbas, especialmente de las de San Calixto.
Durante el siglo primero, los cristianos de Roma no tuvieron cementerios propios. Por este motivo, San Pedro fue enterrado en la "necrópolis" de la Colina Vaticana, abierta a todos (y sobre la que se construye la Basílica de San Pedro). Del mismo modo, San Pablo fue sepultado en una necrópolis de la Vía Ostiense (sobre la que se construye la Basílica de San Pablo Extramuros).
En la primera mitad del siglo II, los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra, en terrenos donados por algunas familias. Y así comenzaron las Catacumbas como primeros cementerios cristianos fuera de las murallas de la ciudad de Roma. Los cristianos rechazaban la costumbre romana de la incineración y utilizaron las Catacumbas hasta principios del siglo V cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la superficey en las basílicas dedicadas a mártires importantes.
Con las invasiones de los Bárbaros se destruyeron sistemáticamente muchos de los monumentos y saquearon muchos lugares, incluidas las catacumbas. Hacia la mitad del siglo VIII y el comienzo del IX los papas hicieron trasladar las reliquias de los mártires y de los santos a las iglesias de la ciudad, por razones de seguridad. Una vez realizado el traslado a las iglesias y basílicas de Roma, se fueron abandonando hasta tal punto que, durante la Edad Media no se sabía donde se encontraban. En el siglo XIX, Juan Bautista de Rossi, considerado el padre de la Arqueología Cristiana, realizó la exploración sistemática de las Catacumbas, especialmente de las de San Calixto.
Con las persecuciones, al no poder profesar abiertamente su fe, los cristianos se valían de símbolos que pintaban en los muros de las catacumbas y, con mayor frecuencia, grababan en las lápidas de mármol que cerraban las tumbas.
Los símbolos más importantes son el Buen Pastor, la orante, el monograma de Cristo y el pez.
El
Buen Pastor con
la oveja sobre los hombros representa a Cristo salvador y al alma que ha
salvado. Este símbolo se encuentra con frecuencia en los frescos, en los
relieves de los sarcófagos, en las estatuas, así como grabado sobre las tumbas.
La
orante:
esta figura, representada con los brazos abiertos, es símbolo del alma que vive
ya en la paz divina.
El
monograma de Cristo está formado por dos letras del alfabeto griego: la X (ji) y la P (ro)
superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega
"Christòs" (Jristós), es decir, Cristo. Este monograma, puesto en una
tumba, indicaba que el difunto era cristiano.
El
pez. En griego se dice
"IXTHYS" (Ijzýs). Puestas en vertical, estas letras forman un
acróstico: "Iesús Jristós, Zeú Yiós, Sotér" = Jesucristo, Hijo de
Dios, Salvador. Acróstico es una palabra griega que significa la primera letra
de cada línea o párrafo. Es un símbolo muy difundido de Cristo, emblema y
compendio de la fe cristiana.
Otros símbolos son
la paloma, el Alfa y la Omega, el ancla, el ave fénix, etc.
La
paloma
con el ramo de olivo en el pico es símbolo del alma en la paz divina.
El
Alfa y la Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego. Significan que
Cristo es el principio y el fin de todas las cosas.
El
ancla
es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente el
puerto de la eternidad.
El ave
fénix, ave mítica de
Arabia que, según creían los antiguos, renace de sus cenizas después de un
determinado número de siglos, es el símbolo de la resurrección.
Los
símbolos y los frescos son como un Evangelio en miniatura, una síntesis de la
fe cristiana.
El
Buen Pastor con
la oveja sobre los hombros representa a Cristo salvador y al alma que ha
salvado. Este símbolo se encuentra con frecuencia en los frescos, en los
relieves de los sarcófagos, en las estatuas, así como grabado sobre las tumbas.
La
orante:
esta figura, representada con los brazos abiertos, es símbolo del alma que vive
ya en la paz divina.
El
monograma de Cristo está formado por dos letras del alfabeto griego: la X (ji) y la P (ro)
superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega
"Christòs" (Jristós), es decir, Cristo. Este monograma, puesto en una
tumba, indicaba que el difunto era cristiano.
El
pez. En griego se dice
"IXTHYS" (Ijzýs). Puestas en vertical, estas letras forman un
acróstico: "Iesús Jristós, Zeú Yiós, Sotér" = Jesucristo, Hijo de
Dios, Salvador. Acróstico es una palabra griega que significa la primera letra
de cada línea o párrafo. Es un símbolo muy difundido de Cristo, emblema y
compendio de la fe cristiana.
Otros símbolos son
la paloma, el Alfa y la Omega, el ancla, el ave fénix, etc.
La
paloma
con el ramo de olivo en el pico es símbolo del alma en la paz divina.
El
Alfa y la Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego. Significan que
Cristo es el principio y el fin de todas las cosas.
El
ancla
es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente el
puerto de la eternidad.
El ave
fénix, ave mítica de
Arabia que, según creían los antiguos, renace de sus cenizas después de un
determinado número de siglos, es el símbolo de la resurrección.
Los
símbolos y los frescos son como un Evangelio en miniatura, una síntesis de la
fe cristiana.
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