viernes, 2 de junio de 2017





En Pentecostés se pone de relieve el Espíritu de Dios, comparado en la Biblia al viento y al aliento, sin los cuales morimos. El Espíritu es respiración de Dios. El soplo respiratorio del hombre viene de Dios, a quien vuelve cuando una persona muere. Es también viento reconfortante, brisa, huracán que arrasa, y cuya procedencia se ignora en ocasiones (es fuerza ordenadora frente al caos). Es aliento que se halla en el fondo de la vida (es fuerza vivificante frente a la muerte). Se manifiesta particularmente en los profetas, críticos de los mecanismos del poder y del culto desviado y defensores de los desheredados, y en los jueces, promotores de la justicia (es fuerza socializadora). El mismo Espíritu que hoy fecunda a la Iglesia y a los cristianos creó el mundo y dio vida humana al «barro» en la pareja formada por Adán y Eva. Desgraciadamente, se desconoce al Espíritu cuando se le considera como algo etéreo, abstracto o inapreciable. Sin embargo, lo confesamos en el credo: creo en el Espíritu Santo.

7 preguntas y respuestas sobre Pentecostés




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